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Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo

 

Cada día que pasa caemos más en cuenta que nos hacemos más dependientes de la tecnología a tal punto que, si de repente desapareciera repentinamente, muchos no podrían sobrevivir. ¿Se imagina volver a vivir cincuenta años atrás?

 

Para quienes somos usuarios de los celulares y tabletas, por ejemplo, el mantenernos en contacto permanente con otras personas mediante plataformas como Facebook, Twiter, Messenger, etc, es algo importante y, en algunos casos, necesario. Usualmente, cuando alguien procura ponerse en contacto con nosotros, una pequeña alarma nos notifica que estamos recibiendo algún llamado o correo. Por supuesto, nuestra primera reacción es revisar quién es y de que se trata su mensaje. Luego, contestamos o ignoramos al mismo, según ciertas circunstancias o razones. Lo que noto es la prontitud con la que respondemos a quien nos contacta; eso demuestra nuestro interés en la otra persona y, además, cuán dependientes nos hemos ido haciendo de estos fantásticos medios de comunicación.

 

Pero, ¿qué tan prestos estamos a responder los mensajes de Dios? El Señor está constantemente procurando establecer contacto con nosotros, pero, nunca estamos en la disposición pronta que mostramos con otros semejantes. A Dios siempre lo dejamos para después. Dios nos habla a través de su Palabra, y no envía un mensaje, sino una miríada constante de ellos, pero, ¿respondemos de regreso? ¿tomamos nota con el esmero que lo hacemos con nuestros contactos de las redes? ¿Por qué Dios siempre ocupa el último lugar en nuestra lista de contactos? ¿Por qué respondemos a su llamado cuando ya no tenemos otra cosa que hacer? Si toda esta tecnología desapareciera, y aun todos nuestros contactos, todavía Dios estaría allí presente para buscarnos y procurando establecer contacto con nosotros.

 

Mire, si un artefacto electrónico termina ocupando prioridad en relación a Dios, lo estamos convirtiendo en un ídolo; en algo que se interpone entre nosotros y nuestro Señor. No digo que se deshaga de sus teléfonos celulares o tabletas, sino que de atención a Dios cuando le envía su mensaje. Si le está hablando, créame, debe ser algo importante; no lo deje para después, él quiere hablarle, ahora. Considérelo.

 

El Pastor

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