IGUALDAD Y VARIEDAD

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre del Señor

En el presente, un tópico que ha adquirido relevancia es el tema de la “igualdad”. Mucho se habla de esto, pero, no se tiene en cuenta la variedad de circunstancias que envuelve la discusión. ¿Es posible asumir la igualdad absoluta de todas las cosas? La reacción inmediata es responder afirmativamente a esta pregunta. Sin embargo, no se puede generalizar la igualdad. Y cuando se trata de las personas, no es una excepción. Los seres humanos, en algunas cosas somos iguales, en otras es todo lo contrario. Entonces, dependiendo de qué asunto de discusión estemos abordando, llegaremos a definiciones diferentes acerca de la igualdad. Incluso es posible que choquemos con ciertas contradicciones, por ejemplo, se habla de igualdad de género y, a la vez, desigualdad de género. Por más que se pretenda hacer a todos iguales, sin embargo, seguimos siendo diferentes. El mismo argumento se puede llevar a cada área de la vida.

Entonces, ¿qué es igualdad? Es la condición o circunstancia de tener una misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma, o de compartir alguna cualidad o característica. Pero, dentro de la igualdad, se debe considerar las desigualdades, que apuntarían precisamente a lo opuesto de la definición dada arriba.

Dios nos hizo iguales, pero, también diferentes. Dios hizo que un hombre no sea una mujer, ni una mujer sea un hombre, sin embargo, ambos son iguales a los ojos de Dios. Ministerialmente, unos ejercitan ciertas tareas mientras otros se desempeñan en otras diferentes, sin embargo, todos son igualmente siervos de Dios. Hay creyentes que se convirtieron hace tiempo y otros recientemente y, sin embargo, ambos son igualmente salvos por la gracia de Dios. En cuanto a los dones espirituales, todos poseemos igualmente algún don, pero, no todos los dones son iguales.

Generalizar el concepto de igualdad en todas las cosas es una medida arbitraria de razonamiento que encajona a los hombres a pensar en una forma uniforma cuando, en realidad, el pensamiento es y debe ser multiforme. Hablar de igualdad no debe excluir, bajo ningún punto de vista la desigualdad como una mala palabra, sino, al contrario, ayudarnos a definir con claridad nuestras ideas de tolerancia, inclusión y respeto común, dentro de un ámbito de pluralidad y diferencias. No seamos obtusos en nuestra manera de pensar, somos y no somos todos iguales. Considérelo.

El Pastor


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