REPRENSION OPORTUNA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo

Una de las prácticas menos apreciadas y más abusadas es, la “reprensión”. No se aprecia por sus efectos hirientes y la opinión última que quien efectúa la reprensión es un grosero o mal educado. Por otro lado, es abusada, pues, muchos al hacerlo, más bien lo hacen con animosidad violenta, procurando descargar la rabia contenida y gestionando entonces, infligir algún tipo de dolo a la persona reprendida. En tales casos, la reprensión manejada de esa forma es totalmente negativa; los efectos siempre serán contraproducentes.

Sin embargo, existe una reprensión que sí, es acertada. Se trata de aquella que procura corregir lo que está desubicado o es incorrecto. En este caso, el acto de la reprensión envuelve dos partidos, el que la efectúa y quien la recibe. La actitud de ambos tiene mucho que ver con los resultados de esta práctica. El libro de Proverbios 25:12, dice estas interesantes palabras, “Como zarcillo de oro y joyel de oro fino es el que reprende al sabio que tiene oído dócil” En este caso, se habla de dos personas, uno que reprende y otro, en este caso incluso, un sabio o entendido, que recibe la reprensión. El que reprende, no lo hace por sentirse superior, sino por un interés genuino de adornar el carácter de la persona cuestionada. Las palabras de la tal persona, son como joyas valiosas que corrigen y mejoran, de ser tomadas en cuanta, la vida del otro. Además, se habla de quien recibe la reprensión, una persona de oído presto a escuchar, atender y aceptar dicha reprensión, a pesar de ser un sabio.

A menudo, muchos que tienen conocimientos, son reacios en aceptar una reprensión cobijándose en un sentido falso de superioridad. Se ubican en una posición de intocables, cuando, tal actitud, más bien es un gesto de soberbia que merece la justa reprensión. El escuchar cuando somos reprendidos es de vital importancia, pues, es posible que ello nos ayude a mejorar como personas. Dios nos reprende constantemente para que seamos mejores hijos, no para mantenernos heridos y, bien haríamos en atender a sus reprensiones, porque, en ellas, encontraremos joyas preciosas que serán adornos de nuestro carácter cristiano. Tomemos siempre en cuenta entonces, de la sabia y adecuada reprensión que es dada a su debido tiempo en las mejores condiciones. Considérelo.

El Pastor


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