NUESTRO BUEN PASTOR

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo.

La vida cristiana algunas veces es interpretada hoy como un viaje cómodo por la vida, donde las bendiciones, en especial, las materiales, son una obligada evidencia de que hemos sido salvados de las consecuencias del pecado. Es decir, si aceptamos a Cristo, se terminan nuestros problemas. Ese es el mensaje que muchos quisieran escuchar, pero no necesariamente el que se deba escuchar. Jesús dijo a quienes le sigan, “en el mundo tendréis aflicción”; en ningún momento garantizó lo contrario como muchas veces hoy se hace; son falsas garantías, no acordes a las palabras de Cristo. Y esto, no porque Dios nos abandone a las calamidades de la vida, sino porque estamos presentes en un mundo hostil a las cosas de Dios y su pueblo. Durante esa travesía, el creyente que encara adversidades, a veces desespera, se siente abatido, se deprime, se desconcierta. Procura buscar algún tipo alivio de tales sentimientos pues, nadie encuentra placer en esas cosas, pero, ¿dónde encontrar el sosiego para nuestras almas?

El Salmo 23:3, nos da una hermosa reflexión; dijo David, “(Jehová), Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” Tres cosas nos ofrece este hermoso pasaje de las escrituras:

  1. Dios, nos devuelve el ánimo

La palabra hebrea que se traduce “confortará”, significa, devolver, retornar. La idea es de devolvernos el ánimo del alma en medio de las adversidades. Por lo tanto, en Dios es que encontramos solaz.

  1. Dios, nos orienta en el camino recto

Dios asume el rol del pastor divino que dirige nuestros pasos por el camino recto del bien, la justicia, no de los hombres, sino la suya.

  1. La razón de ello

Por amor de su nombre. Este es el sello de garantía más solemne y seguro que todo creyente posee. Es el bendito patrimonio de la fe, que, si Dios actúa a mí favor por su bendito nombre, me da absoluta seguridad que guardará mi alma en medio del dolor o la prueba.

La travesía de un cristiano está plagada de problemas, y no es extraño que, en algunos momentos, su alma parezca hundirse en la misma desesperación. Pero, en Dios encuentra el confort para el alma y la guía necesaria y tan apropiada para seguir nuestro camino por la vida hasta el día que nos lleve a su presencia donde los clamores, llantos y dolores dejarán de ser. Por ahora, debemos ir en busca del refugio y la protección de nuestro buen pastor, Cristo nuestro Señor. Considérelo.

El Pastor


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