YO DECRETO?

Buenos días hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo.

Se ha convertido en una costumbre, o tal vez deba decir, mala costumbre, acompañar las oraciones con una frase que no se está considerando debidamente, me refiero al, “yo decreto”. Estas dos palabras son el resonante continuo en millones de oraciones actuales, algo que no hace mucho, estaba ausente en las mismas.

Se dan muchas explicaciones para justificar el uso de la frase, sin embargo, todas ellas, sin excepción, no tienen el respaldo bíblico y tampoco el histórico, pues, jamás se ha orado a Dios en esos términos. Ante todo, se debe tener claro la definición de la palabra Decreto, significa resolución o decisión que toma una persona u organismo con autoridad para hacerlo. Pues bien, hasta allí, no parece haber un problema con el uso de la palabra, después de todo, un creyente se resuelve o decide con la autoridad del evangelio a algo. Pero, el problema es que, ante todo, el resolverse a hacer algo no es lo mismo que demandar, determinar o llevar a cabo algo que le corresponde a Dios. En otras palabras, ninguna persona puede demandar o determinarse a conseguir algo que no vaya a estar de acuerdo con la voluntad de Dios. Cuando una persona decreta, implica que determina que suceda algo. Un ejemplo de esto sería, si yo decreto la sanidad de alguien, supuestamente asumo una autoridad inherente para que se efectúe lo que he decretado. Pero, el problema es que, hay cosas que no tienen que ver con la autoridad de un creyente, sino la autoridad de Dios que es absoluta. Dios decreta, no el creyente. El creyente se somete a la voluntad decretal de Dios y jamás al revés. El hombre no puede ordenar o inclinar la voluntad de Dios a los deseos del hombre, la Biblia siempre presenta la idea en la dirección opuesta.

Ningún personaje de la Biblia oró decretando jamás; Jesús mismo, en ninguna de sus oraciones uso la frase “Yo decreto”. El apóstol Pablo nunca nos enseñó a orar decretalmente y, tampoco ninguno de los demás escritores. No existe ninguna referencia en la Biblia de la oración decretal y, la mayoría de los textos bíblicos usados para justificar este tipo de oración, son abusados en la interpretación a tal grado que ha llevado a los creyentes de hoy a ver como algo bíblico este tipo de error. Mi estimado hermano/a, no diga, “yo decreto”, en sus oraciones, usted no puede decretar nada, pues solo Dios decreta, porque solo Dios tiene tal autoridad para hacerlo. Lo que debe hacer es lo que nos enseñó Cristo mismo en el modelo de oración, “que se haga tu voluntad”. Si yo decreto, demando que se haga mi voluntad, si ora como Jesús nos instruyó a hacerlo, estaremos orando de la forma correcta. Considérelo.

El pastor


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