EL VALOR DE LA GRACIA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo

A veces se asocia la idea de la gracia con la de, “valió la pena el sufrimiento de Cristo por nosotros”. Pero, si valgo la pena para ser rescatado, tengo un mérito, sino en acciones, a lo menos en valor inherente. La gracia en cambio, es la idea que Dios, envió a Cristo para rescatar a quién no lo merecía en absoluto, no valía la pena rescatarlo, pero, por gracia, optó hacerlo. La frase, “valió la pena el sufrimiento de Cristo”, desplaza el centro de atención del acto de la gracia de Dios hacia el valor de la criatura, en cuyo caso, nos alejamos de la verdad central de la obra del Señor. Es precisamente porque no valía la pena rescatar a un pecador perdido que la gracia de Dios se hace claramente manifiesta.

Pablo habla de la forma en que hemos sido rescatados por elección en el capítulo uno de la carta a los efesios y dice que “tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”, no porque valió la pena hacerlo. Y esa obra, nos dice el gran apóstol, fue hecha para su gloria. En ningún momento entra la idea de un valor en el hombre, o mérito, sino el puro afecto de la voluntad de Dios sobre criaturas que no lo merecen.

Cuando pensamos que valió la pena salvarnos, nuestros ojos se dirigen a contemplar el valor del hombre y no el valor de la gracia de Dios. Se enfoca en algo inherentemente bueno en la naturaleza humana que obligó a Dios a actuar a su favor. Pero, las escrituras nos dicen que el hombre es inherentemente malo y por ello necesita de salvación, aunque no la merece en absoluto. Ese acto de salvación es la gracia; es la acción de un Dios que ama a su criatura, no porque ésta la merezca, sino porque Dios es sencillamente bueno.

Hermano/a, no piense que, por ser un pecador/ra, usted vale la pena para Dios; en realidad, no valemos la pena por causa del pecado. Pero, Dios, por su gracia infinita, decidió no abandonarnos a nuestro justo destino, sino que, en una manifestación de amor incomprensible, envió a su Hijo a sufrir los dolores de la cruz para otorgarnos salvación y vida eterna. Entonces, no vale la pena que seamos rescatados, más bien, vale la pena mirar a la gracia de Dios que nos ha rescatado aun cuando no valíamos la pena. Considérelo.

El Pastor


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