EUREKA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre del Señor.

En el siglo III, a.C., el rey Herón III, pidió al matemático y físico Arquímedes que evaluara si la corona que posaba sobre la cabeza real era de oro puro o no, pero, debía hacerlo sin producir daño alguno al objeto precioso. Esto puso al científico en un apuro, ¿cómo poder resolver el dilema sin perjudicar la corona real?

Arquímedes quedó absorto procurando llegar a alguna forma en que podría resolver el dilema. Sumergido en una bañera mientras tomaba un baño, dio con la respuesta. Concluyó, cuando ingresó en ella que, el aguan que se desbordaba debía ser de igual volumen que su cuerpo sumergido. Si sumergía entonces la corona en el agua y media la cantidad desbordada, y la comparaba con oro del mismo volumen, entonces concluiría que sí, la joya era legítima. De otra manera, dichos volúmenes serían dispares.

Arquímedes, al descubrir esto, saltó de la bañera totalmente desnudo y así corrió al palacio gritando “Eureka”, “Eureka” que significa en griego, “lo encontré”, “lo encontré”. La palabra “eureka” se utiliza hoy, justamente, para describir la emoción que experimentamos al descubrir algo.

Cuando nos asalta el dilema de la vida, y en especial la vida después de este plano de existencia, el evangelio nos despierta la mente a ese descubrimiento transcendente de la salvación en Cristo. Cuando el cristiano nace de nuevo corre en su condición espiritual desnuda, sin reservas, sin disfraces, sin engaños y, corre a gritos diciendo a todo el mundo, “lo encontré”, “lo encontré”. Encontramos la divina respuesta a nuestro problema humano, la salvación en Cristo. Esa verdad es nuestro “eureka”. Nuestras vidas son pesadas en la balanza de Dios y encontradas en falta por causa del pecado. Pero, por su infinita y tierna gracia, se nos descubre por Su Espíritu, nuestro valor, nuestra realidad, nuestra gran necesidad. Y, ¡qué bendición cuando descubrimos a Cristo! ¿No le gustaría tener su momento como el de Arquímedes? Es decir, su propio eureka, al serle descubierto la bendición del evangelio, la salvación en Cristo Jesús, y pueda decir a todo el mundo, “Lo encontré”, “Lo encontré”. Cristo es la respuesta. Considérelo

El Pastor


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