SENTIMIENTO DE CULPA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo.

Dijo en una oportunidad el eclesiástico francés del siglo XII, San Bernardo de Claraval, que “La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento”. En realidad, depende como se encare este tema. Jesús dijo que, por usar un ejemplo, “… cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, Mat. 5:28. En este caso, tal sentimiento es un pecado y, por consiguiente, hay culpa. Pero, en algunas situaciones, después de haber reconocido, confesado y recibido el perdón, algunos continúan con un sentimiento de culpa por los hechos pasados. En dicho caso, debemos detenernos un poco a reflexionar; en tal asunto sí, la culpa no debería estar ya más en el sentimiento, sino en consentir con la falla.

Ante todo, ¿qué es un sentimiento? Pues bien, se trata de un estado de ánimo o disposición emocional hacia una cosa, un hecho o una persona. Pero, si alguna falta cometida recibió el perdón de Dios, dicho sentimiento está desubicado, pues, pone en tela de juicio el acto divino; si Dios concedió el perdón, debemos aceptarlo y dejar el asunto clausurado. Nuestro sentimiento debe ser uno de gratitud, liberación y adoración a Dios por su favor. Lo que sucede es que, a menudo, nuestra consciencia tiende a visitar el pasado y nos recuerda el mal hecho. A esto, se suma la constante imprecación del diablo acusándonos de no ser dignos de la gracia divina por nuestros pecados, a lo cual, si bien es cierto, en parte, lo real es que, después de haber recibido el perdón, ya no tenemos deuda con el Señor, hemos sido limpiados de nuestros pecados, por lo tanto, tal acusación es incorrecta.

Un sentimiento de culpa por el pecado tiene importancia, nuestra consciencia y la presencia del Espíritu Santo en nosotros nos redarguye para que vengamos al arrepentimiento e imploremos clemencia. Pero, una vez recibido el perdón, no debemos permitir que un sentimiento condenatorio secuestre el gozo de la bendición divina. Por lo tanto, si usted está teniendo algún sentimiento de culpa, deténgase un momento a evaluar que lo produce, si se trata de un pecado no confesado, no deje pasar más tiempo, busque ya el perdón de Dios. Pero, si el pecado ha sido tratado debidamente, entonces no deje que dichos sentimientos vuelvan a molestarle. Debemos creer a la palabra de Dios cuando nos promete su perdón. Cuando entendemos esta verdad fundamental, nuestros pensamientos negativos acerca de nosotros mismos serán reemplazados por acciones de gracias al Señor. Considérelo.

El Pastor


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