BIENVENIDO

Buenos días queridos amigos/as, bendiciones en el nombre del Señor.

La palabra “bienvenido” es una de las más hermosas de nuestro vocabulario. Con ella expresamos la admisión de una persona, acogida y recibida con satisfacción, complacencia, agrado, gracia, alegría y/o con un gran júbilo. Indicamos que su presencia es un bien; abrimos los brazos calurosamente y ponemos todo a su disposición para hacer sentir a la persona como si estuviera en casa. Para darle la bienvenida a alguien debe ser muy especial para el receptor.

Es usual decir “bienvenido” a alguien que nos visita por primera vez en la iglesia, pero, ¿qué queremos decir realmente con ello? Y, además, si somos sinceros al pronunciar tan hermosa palabra. Puede ser un pecador arrepentido o, uno que aun no ha tenido la experiencia de la conversión, no lo sabemos, y, sin embargo, al pasar por la puerta, le recibimos con la usual sonrisa y un buen apretón de manos. Es que no hay sensación más calurosa para ambas partes, la que recibe y la que es recibida, que encontrarse en la casa del Señor. Allí desaparecen las diferencias, los prejuicios, los odios, y tantas cosas que dividen a los hombres. Allí todos encontramos a un Dios bueno que nos dice: “bienvenidos”, pues, a fin de cuentas, nadie, por sí mismo, merece el favor de ser recibido por Dios en su presencia. Sin embargo, cuando llegamos a él, nos recibe con afecto entrañable. Una vez, Dios nos dio la bienvenida a su familia cuando recibimos a Cristo como Salvador, no olvidemos pues extender el favor a quienes siguen llegando para afiliarse a dicha familia. Sigamos pronunciando tan hermosa palabra con sinceridad a otros. Ese es uno de los lemas del verdadero cristiano: Bienvenido. Considérelo.

El Pastor


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