RADICALISMO

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo.

Hay una palabra que va cobrando un lugar en nuestro vocabulario contemporáneo, “radicalismo”. En el ámbito de las ciencias políticas, se lo define de la siguiente manera, “Conjunto de ideas y doctrinas de quienes, en ciertos momentos de la vida social, pretenden reformar total o parcialmente el orden político, científico, moral y aun religioso de los hombres” Aspira por cambiar todo aquello que es considerado arcaico, pero que se aferra de todos modos a la sociedad. El radicalismo lucha por lograr un mejor desenvolvimiento social, político, económico y aun religioso donde se persiguen, dicen sus exponentes, un ambiente de libertad, siguiendo los ideales humanos como la justicia y la solidaridad social.

Cuando observamos los diferentes rumbos que toma la sociedad, comprendemos que estas ideas son utópicas. Las definiciones apelan a la búsqueda del bien de la humanidad y, sin embargo, los discursos son violentos, insultantes, polarizantes y cargados de fanatismos ideológicos. En realidad, la lucha sigue siendo la misma que se viene llevando a cabo desde que el hombre fue arrojado del paraíso, la de tratar de obtener el poder. Todas las filosofía e ideología aplicadas son herramientas con el fin último de ver quien se hace del poder de los pueblos. Los que acusan a los colonialistas de ser los culpables de todos los males, son ellos mismo culpables de los mismos delitos contra la humanidad en sus propios países. Los supuestos humanitarios, si se busca con atención, tienen prejuicios contra aquellos que asuman posturas diferentes y opuestas.

Con razón Jesús nos advirtió a los creyentes, “En el mundo tendréis aflicción”. Incluso, es comprensible porque el mundo rechaza el evangelio y detesta a los verdaderos cristianos. Se acusa al cristianismo de ser radical cuando en realidad, todo el mundo es un sistema radical que se enardece por desafiar el orden establecido por Dios en el momento que decidió dar inicio a esta creación, con el hombre incluido. El radicalismo es un instrumento del demonio para destruir, no para construir y, lo más pronto que nos alejemos de este concepto, lo mejor dispuestos que estaremos para un diálogo más constructivo. La ley divina no es radical, el pecado y el experimento humano lo es, y es un verdadero desastre. Así que, dejemos de ser engañados por las acusaciones de ser radicales; son ellos mismos, los que acusan, los verdaderos radicales. Lo que necesita el hombre es volver a Dios; solo allí hallará verdadera justicia y solidaridad social. Esto no es radicalismo, es sentido común. Considérelo.

El Pastor


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