PERDIDOS PARA SIEMPRE

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo

Bueno, después de un poco de ausencia por cuestiones de salud, aquí estoy otra vez con el blog para meditar en algunos puntos de actualidad y que compete al pueblo de Dios.

Leía un encabezado en estas vísperas de fin de año que versaba de la siguiente manera, “Diciendo adiós a aquellos que hemos perdido en el 2018”. A continuación, se presenta una lista de personajes destacados en el mundo del espectáculo, la ciencia, escritores, políticos, etc.; iconos que dejaron una marca en la conciencia social de la gente. Sin embargo, aunque se estima perdida la presencia de ellos con nosotros en esta realidad, se los estima hoy poblando una constelación de estrellas de renombre, que pasaron a formar parte de un olimpo de personalidades deificadas en la memoria de la sociedad humana. Seres destacados y de celebridad quienes tuvimos el privilegio de tener con nosotros.

Considerando un poco el asunto, visto desde una perspectiva bíblica, esta nostalgia más bien se convierte en una gran tristeza, pues, a muchos de ellos, habiendo ignorado el llamado a la salvación ofrecida en Cristo, no los hemos perdido de estar con nosotros, sino extraviados eternamente en un futuro del cual no hay salida ni retorno. Una verdadera pérdida porque no son estrellas encendidas en un firmamento de personajes sobresalientes de la humanidad, sino luces que se han apagado para siempre y solo son una memoria, pero, excluidos del cielo ofrecido gratuitamente a través de Cristo. Para muchos, esto es incluso obsceno, considerar que todo este panteón de gente notable esté excluido de un lugar de privilegio, sin embargo, es precisamente lo que nos dicen las sagradas escrituras. No hay razón para la celebración de una memoria, sino una profunda tristeza por oportunidades desperdiciadas de aceptar el regalo precioso de la salvación.

Por el contrario, sí podemos celebrar la partida de este mundo de hermanos/as en la fe que, habiendo depositado su fe en Cristo, hoy están disfrutando las mansiones eternas y en paz. A ellos, no los hemos perdido, sino simplemente, se nos han adelantado, pero que, en su debido momento, volveremos a encontrar en la presencia del Salvador. No lamentemos tanto los creyentes que han partido primero, sino los no creyentes que no volveremos a ver jamás. A ellos sí hemos perdido para siempre. En este año que comienza, compartamos el evangelio de Cristo, para que no tengamos que lamentar más perdidas como las sucedidas en el año 2018. Considérelo.

El Pastor


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