DICTADORES

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo Jesús.

Hace unos días comencé a ver en las redes sociales una nota bajo el título, “Qué Dictador Mató Más Personas”. Desfilan en la lista una variedad de nombres (ninguna mujer, por cierto), de distintas épocas y puntos geográficos del mundo. Ellos fueron responsables de miles y, en algunos casos, millones de personas víctimas de la mente criminal de esos personajes. La mayoría de los mencionados han muerto y son parte hoy de una historia siniestra y teñida en ríos de sangre y miseria. Quizás al presente, no se piense en términos de individuos, sino de sistemas dictatoriales que someten a cierto sector del planeta; esto es asunto de debate, pero no es mi interés discutirlo ahora.

Lo cierto es que hay un dictador que a sometido y asesinado al mayor número de personas en la historia de la humanidad, y me refiero al “pecado”, le peor de las dictaduras. No hay dictadura más cruenta y lo cierto es que se trata de la causa principal de todas las demás que encuentran en él, el combustible que alimenta la ambición del poder y el odio que tanto dolor ha traído al mundo. El hombre ha intentado romper las cadenas de esta dictadura despiadada; por decirlo de otro modo, ha procurado revelarse contra ella sin ningún resultado favorable. Las religiones, entre otros objetivos, han tenido como propósito, liberar al hombre de ella en vano, pues su agarre es firme y permanente. No existe hoy sistema ni idea que haya quebrado el yugo brutal y despiadado del pecado de sobre el hombre, cuyos intentos por hacerlo han fracasado.

Dios envió a Cristo al mundo justamente para liberar al hombre de tal opresión. Su vida derramada en la cruz no solo trató con la culpabilidad del pecador, sino que, además, rompió las cadenas que nos ataban al pecado, dejándonos libres para servir y adorar a Dios. En otras palabras, hemos pasado de ser esclavos del pecado, para constituirnos en siervos del Señor. Es irónico sin embargo que muchos prefieren la vida de esclavitud bajo la dictadura del pecado en lugar de la libertad y el perdón de Dios en Cristo. Como resultado de ello, seguiremos viendo más muertes, no solo físicas, sino espiritual entre los hombres. Si usted ha sido liberado, disfrute su libertad en Cristo; si no lo ha sido todavía, le animo a que se acerque a Dios y permita que él rompa las cadenas que lo atan al pecado, solo así hallará verdadera libertad del dictador que mas persona a sometido. Considérelo.

El Pastor


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