CULTO A LA MENTIRA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo.

Quiero que reflexionemos un momento en el culto que se ejercita a través de los medios de comunicación. Ante todo, entiéndase por culto al homenaje que se ejerce a una divinidad. Hoy, la sociedad le da culto a “la mentira”. Aunque parezca sorprendente, los medios de comunicación masivos son utilizados para explotar la información y deformarla; se descontextualizan los hechos; se exageran con una desproporción que es ofensiva a quienes anhelan la verdad. A través de la mentira que publican, propagan errores que son asumidos por quienes consideran esas cosas como hechos reales, cuando se trata de pura ficción. En otros tiempos, las personas utilizaban un mejor sentido de discernimiento, pero, al presente, y acostumbrados a leer e investigar poco, se asumen por ciertas las exageraciones y fraudes informáticos que se distribuyen. Los medios noticiosos explotan la información en una forma tan deplorable que, sabiendo que están propagando falsedad, aun así, utilizan sus medios para proponer, distribuir y redistribuir la mentira. No solo se populariza la mentira, sino que se la exalta, se le rinde culto, como la forma más aceptable de comunicación con el fin de lograr un propósito.

En las iglesias, al igual que en el mundo, la mentira a asumido un lugar central y de relieve. Se propaga desde los púlpitos, en cultos privados en células hogareñas, en la evangelización personal o colectiva, llevando a la gente a creer falsedades. La propagan y defiendes pastores, obispos, profetas, apóstoles, papas, cardenales, maestros y prácticamente cada oficio que se encuentra en la iglesia, esto, dejando de lado los que se encuentran en el mundo. Es tal el grado de convicción que asume la gente en cuanto a las mentiras propagadas que se las acepta y defiende como verdades grabadas con fuego, a tal punto que se agrega la fórmula “Dios dice”, cuando en realidad, es “el mentiroso dice”. Los cristianos están tan acostumbrados a mentir que no ven en ello algo serio. Mienten cuando dan excusas ridículas por no ir a los servicios, de oración, culto dominical, actividades especiales, etc. Sencillamente, no tienen la voluntad para participar de estos eventos, pero, siempre tienen un argumento que justifique su ausencia; sin embargo, no deja de ser una flagrante mentira. La mentira es algo corriente y socialmente aceptable. La mentira es normativa, la verdad es pisoteada, humillada, relegada a una posición secundaria. Los hombres hoy se inclinan ante la mentira, la aceptan, la propagan, la estimulan, se comercia con ella, se disfrazan detrás de ella, le damos nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestras familias. Dejemos de dar culto a la mentira y devolvamos el lugar que corresponde a la verdad. Recordemos las palabras de Pablo, “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo…” Efesios 4:25. Considérelo.

El Pastor


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