NUBE TOXICA

Buenos días queridos amigos/as, bendiciones en el nombre de Cristo Jesús

Supongo que todos quienes nos siguen a través de este medio, están al tanto de la situación ocasionada por el volcán Kilauea, en Hawái. Por días hemos visto a través de los informes dados, el avance de ríos de lava arrasando todo cuanto se interpone a su paso. Ahora, como si eso ya no fuese alarma suficiente, se acaban de dar advertencias que concierne a la población debido a una nube tóxica formada por el contacto de este caudal de fuego con el océano, formando cristales diminutos mezclados con vapores que ponen en riesgo la vida de las personas que inhalen el aire contaminado. Cierto sector de esta isla paradisíaca está en alerta por una “nube tóxica”.

Aunque la noticia no deja de producir preocupación por la salud de nuestros semejantes en aquellas partes del mundo, y oramos por ellos, sin embargo, no debemos ignorar que nuestras ciudades del oeste también se sumen hoy, bajo los efectos de una “nube tóxica” de inmoralidad y relativismo que nos va atosigando paulatina y progresivamente. Respiramos el aire contaminado con ideas y conceptos que nos van envenenando, llevando la sociedad enterar hacia un destino oscuro de destrucción. Son gases de extremo peligro que, si no se procura algún tipo de protección, terminará por envenenar el futuro de la humanidad; sus componentes entre ellos cuentan con: odio, nacionalismos extremos; relativismo moral; fraude; falta de espiritualidad; impiedad; deseos belicistas; violencia urbana, etc.

Necesitamos oxigenar nuestras vidas con aires puros del cielo. Y la única manera de respirarlos es acercándonos a Cristo. Él es la máscara de protección contra este fenómeno infectante que corroe la vida de la gente, el pecado. Como un volcán en erupción, no deja de arrojar su pestilente veneno que va matando al ser humano lentamente. Dios nos ha ofrecido salvación en Cristo, para poder respirar la pureza y aroma de los aires del cielo. Así que, no siga inhalando del aire corrupto de una sociedad que no se apercibe todavía del peligro que atraviesa. Nadie puede y podrá sobrevivir espiritualmente a esta nube tóxica que se cierne sobre la humanidad. Es un asesino silencioso e inodoro, pero, real y destructivo. Dios nos ofrece a Cristo como escudo seguro contra el mal y, además, el perdón oportuno por nuestra negligente obstinación de no aceptar su salvación. Hoy es el día de nuevos aires, acepte a Cristo, antes que sea demasiado tarde para usted. Considérelo.

El Pastor


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