TARJETA ROJA

Buenos días estimados hermanos/as, bendiciones en el nombre de Cristo

Para los amantes del futbol e incluso los mismos jugadores, una de las sanciones más temibles es “la tarjeta roja”. Esta es aplicada a jugadores que fueron previamente amonestados con una tarjeta amarilla durante un encuentro y cometen otra infracción que merece otra pena o, directamente si la falta es de una seriedad mayor, en ese caso, el jugador queda expulsado automáticamente. Lo cierto es que, al sacársele una tarjeta roja a un jugador durante el juego, significa la pena máxima y por ello, debe abandonar inmediatamente el encuentro, dejando a su equipo de futbol en desventaja numérica frente a su contrincante. A nadie le gusta ver una tarjeta roja en prejuicio de su club favorito, aunque tal vez sea recibida con aplausos por el equipo contrario.

Déjeme preguntarle esto, ¿Merece usted una tarjeta roja? Como seres humanos, ¿hemos cometido alguna falta que nos comprometa seriamente nuestra participación en los planes de Dios? La verdad es que todos los hombres tenemos tarjeta roja, porque, según las escrituras, no hay ni siquiera una persona que sea inocente de la culpabilidad del pecado. Es un delito contra la ley divina y nadie está exento de responsabilidad. Debido a ello, estamos descalificados antes que empiece el partido (si me hago entender). En ese caso, no hay tarjeta amarilla previa, ya entramos a la vida con una tarjeta roja.

Pues bien, ¿qué remedio hay para este problema? Dios, no queriendo descalificarnos del todo, ha enviado a su Hijo Jesucristo para que, mediante su sacrificio en la cruz, borre nuestra culpa y responsabilidad ante de justicia divina y, entonces sí, en lugar de esa temible tarjeta de descalificación, se nos hace ahora, en los méritos favorables de Cristo, partícipes de los hermosos planes de Dios. Permítame preguntarle entonces, ¿Ha aceptado usted la salvación en Cristo, o todavía se expone a una tarjeta roja? Considérelo.

El Pastor


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