BUITRES Y YACALES SUELTOS

Buenos días queridos lectores/as que nos siguen, gracia y paz a vosotros.

A estas alturas, creo que la gran mayoría de los que leen estas líneas están al tanto de las imágenes que nos llegan del famoso “Black Friday” y, la euforia de salir a cazar productos a bajo precio. Aunque la palabra euforia parece minimizar lo que en realidad parece más a un salvajismo; peleas sangrientas, empujones, tiroteos, muertos y heridos de ambos sexos (si quiere ponerle más, usted verá que hace), etc.

Esto es un síntoma, algo que pone de manifiesto un mal en la sociedad y que determina su naturaleza. La ambición por las cosas materiales despierta instintos bajos en la gente. Supuestamente, este despliega que parece más de buitres y yacales peleando por carroña, este ligado a la semana de “Acción de Gracias”, por cierto, un feriado de tono religioso, pues, se agradece a Dios por su bendición en el tema de la cosecha. Lo irónico es que, después de dar gracias a Dios, salen como forajidos a un campo de batalla por aferrarse a una cosa material que pasa a ser más importante que la salud de otra persona. Allí se ven matones, criminales, delincuentes, no gente civilizada. Se ve la conversión repentina de un ser humano en una bestia brutal.

Eso es una micro imagen de lo que es el mundo de hoy. Sucede en un grado mayor en la lucha entre las empresas, los países, los partidos políticos, las religiones, etc. Por un momento estamos en calma y nos sentamos juntos en las mesas para dialogar, hasta que vemos delante nuestro algo de lo que podemos sacar más ventaja que el otro y, allí, nos transformamos en viles fieras de presa. Arrasamos con todo y con todos y cuidado con quién se ponga delante nuestro. ¿Cuál es el mal? La respuesta nos la da el apóstol Juan cuando nos llama a lo siguiente, “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo” 1 Juan 2:15. Cuando el corazón del hombre está entregado a una cosa, se olvida de la gente, y por encima de todo, se olvida de Dios. El potencial del hombre para obrar el mal es incuestionable, y estos hechos son reflejo de ello. Si ese hombre no es rescatado de ese estado lamentable, veremos al mundo caer en implosión. El haber dejado a Dios nos va llevando, poco a poco, a un estado de incivilidad y salvajismo que nos devolverá a los tiempos de las cavernas, por decirlo así, donde la ley del mazo en la cabeza es la que dirige las cosas. Ojalá el Señor regrese pronto para poner orden a este mundo desordenado, ¿está usted preparado? Considérelo.

El Pastor


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